Estilos de apego

Como escribía en un artículo anterior el apego es el vínculo emocional que se crea entre los niños y sus padres, si este vínculo es adecuado los niños se van a sentir seguros emocionalmente, se van a sentir aceptados y protegidos de manera incondicional y eso les va a permitir crecer de manera saludable, se convertirán en adultos seguros e independientes. Con un estilo de apego seguro, les enseñamos a regular sus emociones para que sean capaces de regularse cuando sean adultos, sin necesidad de ser dependientes de otras personas. Veamos los cuatro estilos de apego que hay:

    • Apego Seguro: Los niños con este tipo de apego tienen una mirada tranquila, en  la

que apreciamos un afecto seguropositivo; se relacionan con su mamá tranquilamente, ella está disponible en los momentos en los que el bebé la necesita. Como se siente seguro y sabe que la mamá está para ayudarle es un bebé que es capaz de explorar el entorno sin miedo, se comunica y expresa sus sentimientos de manera sin miedo. Dicho de otro modo, se siente capaz de llorar sin temor a reprimendas, sabe que la mamá conectará con su emoción y le ayudará a integrarla. Tenemos un futuro adulto seguro.

  • Apego Evitativo: Aquí nos encontramos con niños muy independientes emocional y físicamente. Son fáciles de reconocer, pues son niños que cuando se van los papás no lloran, pero tampoco muestran alegría cuando vuelven. Estos niños son así como consecuencia de una falta de conexión emocional con la mamá cuando la han necesitado, no han recibido el afecto necesario que les de seguridad. Es probable que, en su lugar, los distraigan con cualquier cosa, los dibujos, el móvil, un juego en la tablet, alejándolos de sentir las emociones. Así que, estos niños no aprenden a establecer una relación íntima, sino que, aprenden a regular sus emociones con distracciones. En la adolescencia suelen ser fríos, solitarios, no necesitan amigos. Un problema que surge de este tipo de apego es que son personas que no saben reconocer sus emociones y por lo tanto tampoco van a saber comprender las de los demás, no empatizan. Casi les asusta sentir una emoción y cuando la sienten salen huyendo, toman distancia. Estoy segura que conocéis a personas así, personas con una lista larga de rupturas sentimentales, solitarias que se aíslan y no necesitan a los demás.
  • Apego Ambivalente: Este es todo lo contrario al anterior, cuando se acercan a los padres se muestran nerviosos o enfadados con ellos, suelen quejarse muchísimo, montan los típicos “pollos” o rabietas, conductas en algunos casos inmaduras. Los niños manipulan ya sea con rabietas o con conductas extremadamente dulces a los padres. Sus padres siempre están preocupados  intentando satisfacer las necesidades de su hijo como  fruto de su propia inseguridad y de sus miedos. Esta inseguridad no les permite poner los límites adecuados a las conductas inapropiadas. La inseguridad, en otros casos, los lleva a relacionarse con el niño por medio de la manipulación, utilizan frases como, si te portas bien, te compro…. Si te comes todo, te doy…. O como has sido muy bueno puedes… Los niños que se crían con este estilo de apego van a ser adultos dependientes de la opinión de los demás, intentarán hacer cosas para que los demás les reconozcan, su autoestima dependerá  de lo que los demás piensen y no de ellos mismos.
  • Apego Desorganizado: Este tipo de apego se catalogó un poco más tarde y es bajo el punto de vista de numerosas investigaciones el más relacionado con  problemas psicológicos en el futuro, sobre todo trastornos de la pers2.jpgonalidad, agresividad, disociación, de conducta. Los niños que establecen un vínculo desorganizado son niños que han sufrido maltrato, indiferencia, abuso físico, psicológico o sexual  por parte de las figuras de cuidado. El niño debe de vincularse, como fuente de seguridad y afecto, a la persona que más miedo le da. ¿Cómo puede ser fuente de seguridad un maltratador? Para poder hacer esto, los niños aprenden a dividirse, a disociarse para ser capaces de sobrevivir a las negligencias, para poder querer a la persona que les hace daño; crean un sentimiento de culpa, ellos son los culpables de lo que ocurre y no los padres, de esa manera pueden permitirse tenerles afecto. Es mi culpa, mi mamá y mi papá son buenos.

Por último, hablaríamos del apego seguro adquirido, que es aquel que tenemos una vez finalizado nuestro proceso de terapia tras solucionar las faltas de afecto que tuvimos. El apego seguro adquirido es tan bueno como el apego seguro natural. Reconocer que tuvimos un apego inadecuado, que es lo que está marcando el estilo de relacionarnos con los demás y sobre todo con nuestros hijos, es esencial. Ponernos en manos de un profesional nos ayudará a obtener la seguridad que no pudieron darnos en la infancia y de esta manera cambiar nuestras conductas.

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